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Introducción

Nadjah Ríos-Villarini

Universidad de Puerto Rico, Río Piedras

      Cuando pensamos en la diáspora puertorriqueña tradicionalmente la ubicamos en ciudades como Nueva York, Chicago y más recientemente en Orlando, sin embargo pocas veces pensamos que hubo un movimiento migratorio de puertorriqueños a partir de la década de 1920 que encontró en la Islas Vírgenes Americanas, particularmente en Santa Cruz, un refugio económico y climático y cultural. ¿Quiénes son estos puertorriqueños? ¿Cuáles fueron las motivaciones que impulsaron esta migración? ¿A qué se dedican y qué prácticas culturales conservan? Estas son algunas de las preguntas que tratamos de contestar en esta publicación de Barrios en Centro Voices.

De aquí pa’alla:

      La década de 1920 marcó dramáticamente la economía de las islas municipio de Vieques y Culebra. La presencia militar de la Marina de Guerra de los Estados Unidos en ambas islas impulsó el rápido decaimiento de la industria de la caña de azúcar motivando el desplazamiento de mano de obra en dos direcciones: la isla grande y Santa Cruz. La movilización a la vecina isla fue posible ya que en 1917 los Estados Unidos habían adquirido por la cantidad de $25 millones las islas de Santa Cruz (Saint Croix), San Tomás (Saint Thomas) y San Juan (Saint John) como parte de una medida estratégica para la protección del Canal de Panamá y la zona del Caribe.

      La isla de Santa Cruz ofrecía varias ventajas entre ellas: la transportación entre islas era fácil, las condiciones climatológicas eran muy parecidas, había necesidad de mano de obra para trabajar la tierra y el gobierno de los Estados Unidos estaba buscando de promover una ideología americana en el nuevo territorio recientemente adquirido. No obstante los puertorriqueños enfrentaron barreras que dificultaron esta migración imprimiendo un matiz único a este grupo diaspórico. Salta como primer elemento el factor lingüístico y las prácticas culturales que distinguen a estas islas.

Santa Cruz punto de encuentro cultural:

      Las Islas Vírgenes Americanas al presente han sido administradas por España, Gran Bretaña, Holanda, Francia, Los Caballeros de Malta, Dinamarca y los Estados Unidos. Cada administración ha impreso rasgos que todavía hoy se pueden observar en la arquitectura, la gastronomía, y las prácticas culturales de los habitantes.

      Santa Cruz está dividido en dos pueblos principales: Christiansted y Frederiksted. Inicialmente los puertorriqueños llegaban a Frederiksted donde eran procesados y examinados por un médico que certificaba que los nuevos migrantes gozaban de buena salud. Allí eran recibidos por familiares o conocidos ya establecidos en la isla. Inmediatamente comenzaban a trabajar en la siembra y recolección de caña hasta lograr adquirir capital suficiente para traer al resto de su familia. La Central Bethlehem fue hogar de estos de estos primeros migrantes.

      Otros puertorriqueños llegaron a Santa Cruz como comerciantes y establecieron pequeños establecimientos como colmados y tiendas de ropa y enseres de primera necesidad. Una industria que surgió entre los puertorriqueños fue la producción de carbón. Cuentan algunos que un puertorriqueño llamado Don Capuleto organizó a todos los carboneros hasta formar una especie de cooperativa para la distribución y venta de lo que ellos llamaban “la electricidad” de aquellos tiempos.

      Esta migración de mano de obra duró hasta finales de la década de 1950. Para aquel entonces la población puertorriqueña era tan numerosa que el Departamento de Educación comienza a reclutar maestros para el establecimiento del Programa de Educación Bilingüe. Este programa principalmente atendería las dificultades educativas y lingüísticas producto del choque cultural experimentado por los nuevos migrantes. Esta segunda ola migratoria constituida mayormente por maestros de todas las materias fue llegando a Santa Cruz con una preparación académica y profesional que le dió prestigio y reconocimiento a la comunidad. Este fenómeno político llegó a su máxima expresión a finales de la década de los setenta cuando Juan Francisco Luis, viequense radicado en las Islas Vírgenes, fue electo gobernador en 1978; fue reelecto en varias ocasiones y su administración duró nueve años.

Puerto Crusians, Crusian Rican y Papa Them:

      Hoy en día, la población de Santa Cruz consta de 53,234 habitantes casi la mitad del total de la población de la las Islas Vírgenes estimada en 108,612 habitantes según el censo del 2000. Del total de habitantes, se identifican como hispanos 15,196 , y de estos 8,558 especificó que era puertorriqueño. Estos números hay que tomarlos con cautela ya que los conceptos de etnicidad y raza son objeto de negociaciones que en la cotidianidad se manifiestan de múltiples formas.

      Además de puertorriqueños convergen otros grupos diaspóricos procedente de las islas de San Kits, Nevis, Antigua, Bermuda, Santa Lucia y Dominica. Aunque el Inglés americano es la lengua oficial podemos escuchar entre los habitantes variantes dialectales del español, y dos lenguas criollas una de base inglesa y otra de base francesa.

Santa Cruz en Centro Voices: Barrios:

      En esta edición de Barrios nuestros lectores podrán encontrar artículos históricos como lo son las contribuciones de Roberto Rabin en el artículo "Relaciones históricas entre Vieques y Santa Cruz" y Mirerza González quien desde un enfoque más etnográfico explora las experiencias de vida de 3 puertorriqueõs en "Alianzas, tensiones y contradicciones en la vida social de migrantes puertorriqueñas en Santa Cruz, Islas Vírgenes Americanas: tres experiencias de vida".

      Además podrán leer las historia de vida de algunos miembros destacados de la comunidad en los artículos "Narrative of People from the Puerto Rican Community in St. Croix" de la autoría de Brenda Dominguez Rosado. Katherine Miranda nos regala una mirada distinta del Caribe al compartir algunas notas de su bitácora miestras realizaba trabajo de campo en la isla. Finalmente puede disfrutar del relato en forma de entrevista donde Nadjah Ríos explora el trabajo de Diego Conde quien se ha dedicado a fotografiar por los pasados 40 años los miembros de la comunidad puertorriqueña y sus costumbres.