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Relaciones históricas entre Vieques y Santa Cruz
“De Papa dem (puertorriqueños) son nuestros hermanos.
Somos del mismo árbol. Sus raíces son nuestras raíces.
Se extienden cientos de años hacia atrás, hasta África.”
 
Del libro Kallaloo
De Richard A. Schrader, Sr.
 
Introducción
 
Esta publicación es parte de un programa de investigación y divulgación sobre las relaciones históricas entre las islas de Vieques (Puerto Rico) y Santa Cruz (Islas Vírgenes de Estados Unidos), auspiciado por el Concilio de Humanidades de Islas Vírgenes (VIHC, por sus siglas en inglés) y la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades (FPH).
 
            Durante el año académico 1992-93, el historiador residente en Vieques, Robert Rabin, con fondos del VIHC, ofreció una serie de conferencias en las escuelas de Santa Cruz y para la comunidad en general sobre el proceso centenario de migraciones entre nuestras islas.
 
           Otro aspecto importante del proyecto fue la participación de estudiantes de la Central High School(CHS) en una serie de talleres sobre las relaciones históricas entre Vieques y Santa Cruz. Los participantes aprendieron también sobre el proyecto de entrevistar a personas mayores (Historia Oral) para “rescatar” información importante sobre nuestro pasado colectivo. Los estudiantes de la CHS incluyeron a Maribel Chaparro, María Charriez, Merari Cordero, Glendalee Cruz, Jay Cruz, Kareem Francis, Marisol Ramos, Flordaliza Reyes, Dayanara Rivera, Celinés Rodriguez y Alex Romero. Las profesoras Leonor Gillete y Luz Hyfield de la CHS ayudaron con la coordinación de los talleres.
         
          Con la ayuda de Vanesa Ayala Berg, humanista residente del VIHC en Santa Cruz y consejera de la Universidad de Islas Vírgenes (UVI, por sus siglas en inglés), se logró la participación de los siguientes estudiantes de la UVI: Rudolph Albert, Clint D. Ferris, Glendina Mathew, Armando Muñoz, Paulina Ramos, Aymee Santana y Luz Rivera.
 
          Los estudiantes grabaron las historias de sus padres, abuelos y vecinos ancianos relacionadas con la migración viequense a Santa Cruz. Se entrevistaron a veinticinco personas durante el proyecto de cuatro meses. Las grabaciones, notas y otros documentos recopilados están disponibles para los investigadores y otros interesados, en el Archivo Histórico de Vieques.
 
Apuntes sobre las relaciones históricas entre Santa Cruz y Vieques
 
          Las relaciones históricas entre las Islas Vírgenes y el archipiélago puertorriqueño son abarcadoras. Puerto Rico y las islas de Santa Cruz, St. John y St. Thomas comparten muchas similitudes en sus procesos de desarrollo y transformaciones socioculturales: población indígena de raíz araucana; destrucción de las culturas autóctonas con la llegada de los europeos hace cinco siglos; la esclavitud como la base del sistema de plantaciones azucareras; resistencia contra la opresión y los abusos de amos y gobernantes coloniales; continuo movimiento migratorio intraisleño y relaciones coloniales con potencias metropolitanas europeas y, en nuestro siglo, norteamericana.
 
          Es la relación entre Vieques y Santa Cruz, sin embargo, que representa la máxima expresión de la conexión histórica entre Puerto Rico e Islas Vírgenes. Desde temprano en el siglo pasado, existe un movimiento migratorio entre Vieques y Santa Cruz que ha creado fuertes enlaces entre ambos pueblos. Estos nexos no se limitan a lo económico y político, sino que se extienden a las relaciones culturales y sociales. Un alto nivel de relación familiar se ha generado entre viequenses y cruzanos. Existe entre la población de ascendencia puertorriqueña residente en Santa Cruz, estimada en unas 20,000 personas, un notable sentido de identidad “cruzana”.
 
          Durante el siglo XIX y a principios del siglo XX, Vieques proveyó trabajo y un nuevo hogar para un gran número de personas de las Islas Vírgenes. Miles de hombres, mujeres y niños emigraron a Vieques desde las colonias danesas e inglesas del Caribe a trabajar en los cañaverales, ingenios y puertos en aquella época cuando el azúcar era “reina” en esta región. Aunque muchos de estos inmigrantes eran naturales de Tórtola, Antigua, Anguilla, Virgen Gorda, St. Kitts y Nevis, la proximidad entre Vieques e Islas Vírgenes convirtió a estas últimas en el puente que unía a Vieques con el resto de las Antillas Menores.
 
          A principios del siglo XX, obreros de Islas Vírgenes representaban una parte sustancial de la población de Vieques. El censo poblacional de Vieques para 1910 provee información sobre cientos de personas naturales de Islas Vírgenes residentes en Vieques.Emilia Crahmar, de Santa Cruz, entró a Vieques en 1866 y trabajó como labradora, según el censo. En 1867, Samuel Williams salió de Santa Cruz para Vieques donde trabajó en uno de los muchos ingenios en la isla. Carlos Charles, carpintero de 29 años para el 1910, llegó a Vieques desde Santa Cruz en 1891. Otros artesanos emigrados de Santa Cruz a Vieques fueron George Onfri, herrero, quien vino en 1878 y Joseph Anduce, hojalatero de 45 años de edad en 1910, quien se había mudado a Vieques en 1868. Abraham Emery y John Fermin llegaron a Vieques de St. Thomas en 1879 y 1898 respectivamente y trabajaron como labradores, según el censo.también de St. Thomas fue AgustinaGatlif, residente en Vieques desde 1872, donde vivió como dulcera.
 
          La dirección del flujo de gente entre nuestras islas cambió marcadamente a finales de la segunda década de nuestro siglo. Ya para 1927 habían cerrado operaciones las centrales de Vieques La Arkadia, La Esperanza, y La Santa María. Había sido la prosperidad de estas operaciones azucareras el principal atractivo para los muchos “peones extranjeros” de las cercanas colonias británicas y danesas que emigraron a Vieques y la fuente de trabajo para la población nativa viequense. La grave crisis en la economía mundial que comenzó en 1929 y que continuó hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, tuvo serias repercusiones en Vieques. Una situación de pobreza y desesperación empujó a miles de viequenses a buscar oportunidades en otros lares.
 
          Varios acontecimientos en el primer tercio del siglo facilitaron y promovieron la migración de viequenses a Santa Cruz. La compra de las Islas Vírgenes danesas por parte de Estados Unidos en 1917 y la aprobación del acta Jones otorgándoles la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños en ese mismo año, eliminaron las barreras legales al movimiento de gente entre estos territorios norteamericanos. La aplicación a las Islas Vírgenes estadounidenses de las leyes de inmigración norteamericanas en 1927 también tuvo un fuerte impacto en este proceso. Anterior a esta fecha los agricultores daneses importaban obreros para la industria de la caña de las cercanas islas británicas. Las nuevas leyes paralizaron esta práctica y obligó a los azucareros a buscar en otros lugares para su mano de obra.
 
          En la cercana isla de Vieques encontraron una situación ideal: condiciones deprimentes de la industria azucarera viequense empeoradas con la Gran Depresión de los años ’30, obligaban a los trabajadores de Vieques a emigrar en busca de empleo. Agentes de las compañías azucareras de Islas Vírgenes reclutaron gangas de obreros en Vieques para transportarlos a Santa Cruz. Muchos de estos trabajadores “temporeros” se quedaron, trajeron sus familiares de Vieques y se establecieron en Santa Cruz permanentemente.
 
          La situación crítica de Vieques llegó a su auge a finales de los 1930’s. Un artículo del periódico, El mundo, del martes, 6 de junio de 1939 lleva como título, La isla de Vieques se está quedando desierta. El subtítulo lee: “las familias emigran por centenares rumbo a Santa Cruz huyéndose de la espantosa situación de miseria que allí (en Vieques) prevalece.”
 
          Un miembro de una comisión viequense que había viajado a San Juan en busca de ayuda del gobierno central, declaró lo siguiente a la prensa,
 
Ahora mismo debe estar el nene llorando por hambre. Hay veces que, por no dejar de ser honrao’, me tengo que contener pa’ no llevar a mis hijos alguna de las reses que tiene la central por allí cerca”. Ante la “pavorosa situación de miseria” que afligía la isla, la emigración fue una de pocas alternativas. El artículo de El mundo señala que más de tres mil personas ya habíanemigrado a Santa Cruz. Los miembros de la Comisión preguntaban a los representantes del gobierno: “…que piensan hacer de nuestras esposas y de nuestras madres, de nuestros hijos y de nuestras hermanas. Estamos dispuestos a liar los trapos y marcharnos también para Santa Cruz, dejando desierta a Vieques.
 
 
En 1941, comenzaron en Vieques las expropiaciones de la marina de guerra de Estados Unidos que terminaron a finales de esa década restando de manos viequenses el 72% del territorio de la isla. Desaparecida la última central, la Playa Grande, como consecuencia de la llegada de la marina, la situación socioeconómica empeoró. Doña Guillermina Nieves Nieves, nacida en Vieques el 8 de julio de 1913, relató a las estudiantes de la Central High School, Marisol Ramos y Maribel Chaparro, sobre su decisión de emigrar a Santa Cruz.
 
La situación en el ’44 estaba mala. Yo tenía cinco hijos, se había terminado la construcción en la base naval y no había trabajo en Vieques. Cuando quitaron la central Playa Grande, entonces, ¿dónde había trabajo y  dónde había dinero? Qué íbamos a comer con cinco muchachos y nosotros dos, ¿qué comeríamos? Por eso  la gente emigraron. Fuimos buscando ambiente. Uno tiene que ir donde haiga (…) donde no haiga, ¿por qué? Aquí (en Santa Cruz) habían muchos puertorriqueños. La familia de mi esposo ya estaba aquí (…) después yo vine. Yo fui la primera y detrás de mí se vinieron todos, mi mamá, mi papá y todo el mundo (…) era bueno porque había trabajo (…) se trabajaba (…) vinieron muchos puertorriqueños (…) casi todos  los puertorriqueños que hay aquí, los mayores, casi todos eran de Vieques (…) todavía hay muchos viviendo aquí (…) muchos han muerto.
 
          Sobre el viaje entre Vieques y Santa Cruz, doña Guillermina ofreció los siguientes comentarios,
               
El viaje fue en barco de vela. Duró muchísimo (se ríe), muchacho, como de un día para otro. Salimos de Morropó (Punta Mulas, Vieques) hasta Frederiksted. El viaje costaba unos cinco pesos en ese tiempo (se  ríe). Viajé con mis dos hijos. Había tres barcos que llevaba la gente y las traía; después una lancha rápida de motor grande, y después el avión. El mar se ponía malo. La gente pasaron muchos problemas, pero yo no; pero mucha gente sí. Mucha gente pasaron  sustos grandes; a mí no, siempre tuve buenos viajes, yo no me mareo.
 
          Y sobre Santa Cruz dijo,
               
Bueno, es el mejor sitio del mundo. Yo he ido a los Estados Unidos, a la Isla Grande  (Puerto Rico), y en ningún sitio encuentro un lugar como esto.
 
          Entre otros puntos interesantes doña Guillermina señaló que no sabía inglés, y que todavía habla inglés con señas. Hacía veinticinco años que murió su esposo al que enterraron en Santa Cruz. Al preguntarle de su identidad cultural dijo, con una sonrisa,
 
yo soy puertorriqueña, y mis hijos también. No soy inglesa, yo no sé inglés, tantos años que vivo aquí  (…).
 
Terminó diciendo,
 
me gusta Vieques (…) pero (…) me gusta más Santa Cruz.
 
          Otra entrevistada fue doña Marta Benítez de Suárez, nacida el 16 de abril de 1914, en Fajardo, Puerto Rico. Su mamá llevó a Marta, sus dos hermanas y un hermano a vivir en Vieques, donde estuvieron por quince años. Emigró hacia Santa Cruz el 14 de mayo de 1935, siguiendo a su hermana mayor, que era como su mamá. Fue en Santa Cruz que conoció a su esposo de cincuentaisiete años, Ángel Suárez Figueroa, otro viequense emigrado a Islas Vírgenes.
 
          El viaje entre Vieques y Santa Cruz fue una experiencia “inolvidable” para doña Marta.
 
Tuvimosun muy mal tiempo. Primero tuvimos una calma que nos cogió toda la noche sin casi el barco moverse. Era un barco de vela. Pasamos toda esa noche del catorce hasta el quince de mayo. Entonces, de pronto nos cogió un temporal. Por poco el barco se parte. Pasamos todo el resto del día en ese temporal.  Llegamos al puerto aquí en Santa Cruz, en Frederiksted, ya de noche. Se ve’ian los marullos que se levantaban los buildings que est’an all’i en frente, la aduana, que estaba para ese tiempo, frente a los muelles.
               
No hubiéramos salido a tierra esa noche porque no se podía, pero que venía una familia de Vieques que     venía mudándose para aquí, era de apellido Lanzó. Venían de mudanza; eran gente que se dedicaban a la pesca y traían un bote de ellos, una yolita.
               
El barco tuvo que bajar bien hacia abajo, no por el muelle (debido a la tormenta) y las personas que estaban en tierra esperando al barco, que se suponía  que llegaba a tal hora y tardó casi dos días, ya la gente pensaba que el barco se hundió y que la gente perecieron.
               
Entonces esa gente que venían con esa yolita, la tiraron al agua y allí nos sacaban. Los que estabanen tierra, entre ellos un cuñado mío, entonces nos ayudaron a desembarcar.
 
Había un puertorriqueño aquí de nombre don Isaac González, que vivía frente al mar, era comerciante. Al regarse la voz desde temprano de que ese barco tenía que llegar y que no llegaba, ya todo el mundo estaba  alarmado. Pues, ese señor, que Dios lo tenga en la gloria, abrió su casa para recibir a todo el mundo. Nos dio ropa seca… esa noche no pudimos pasar por aduana por el tiempo…
 
          Doña Marta lleva cincuentaisiete años en Santa Cruz. Junto a su esposo establecieron un supermercado en queen street, Frederiksted. Va a Vieques solo de visita.
 
          Don Basilio Félix Rodríguez habló con los estudiantes sobre su vida en Vieques, la emigración a Santa Cruz, y su amor por su tierra adoptada.
               
Nací el 5 de enero de 1927. Vivíamos en un sitio aislado, de mucho ganado, en Puerto Negro (…) había seis u ocho casas nada más. Ahora todo eso desapareció dentro de la base.
 
Don Basilio entregó un manuscrito de sus memorias, que había preparado para nuestro proyecto. Comienza en la siguiente manera su escrito:
            
Corría el año 1939. La marina de los EE.UU. compraba y expropiaba familias a su forma y antojo (…). La central Playa Grande expropiaba, su gente y propiedades, así los barrios de Resolución, Mosquito, La  Miray, Ventana, Barrio Palma y así todo el oeste de Vieques (…). En 1943, mi padre se encuentra sin  trabajo y cinco hijos que mantener, sabrá Dios qué pensaba. Un día nos dice que nos mudaríamos a Santa Cruz. Nuestras mentes no podían asimilar aquello. ¡Dejar a Vieques! Imposible. Nuestra escuela, nuestras amistades, nuestros vecinos y demás familias. Era algo así como cosa de loco.
               
Vimos en barco de vela. Nuestra partida a Santa Cruz fue un martes de septiembre (1943) como a la una de la tarde, bajo un sol candente y en un barco llamado El Arturo, capitaneado por su dueño, don Jorge Carrillo. Veníamos, aparte de muchos otros pasajeros, mi cuñada y mis dos hermanas. Mi papá y mi hermano menor se quedaban para unirse a nosotros un mes después. Ya a Santa Cruz habían llegado dos hermanos mayores que yo. Llegamos a Santa Cruz, al puerto de Christiansted, al otro día, miércoles, como a las dos de la tarde. De esto hace casi cincuenta años. Todo, gracias a Dios, nos ha ido bien en Santa Cruz, donde hemos crecido. Hoy en Santa Cruz, nuestra familia Félix es una de las familias hispanas más      numerosas. Gracias a esa decisión de nuestro padre que a principio no aprobamos. Después de cincuenta años de haber dejado a Vieques no lo he podido olvidar a pesar de que no tengo nada que quejarme de Santa Cruz.
 
          Expulsados de Vieques por el fracaso de la industria azucarera y las expropiaciones militares de los 1940’s, los viequenses emigraron en grandes números a Santa Cruz, donde había trabajo disponible en las plantaciones azucareras, en una naciente industria turística y luego en las plantas petroquímicas. En las últimas décadas, personas de todas clases de la sociedad viequense han emigrado a Santa Cruz en busca de un mejor futuro. Mientras el número de puertorriqueños en Islas Vírgenes se estimó en 3,000 en 1950, 6,000 para 1960 y 9,700 en 1965, los estimados actuales son de 20,000.
 
          Manolín Silva, editor del desaparecido periódico viequense La Página de Cheo, escribió,
          
Los viequenses en Santa Cruz viven embargados por dos sentimientos: la nostalgia por la tierra amada que dejaron atrás y la dicha de vivir en un lugar donde la vida se mueve. Donde el espacio y la libertad se unen para darle a la materia la oportunidad de expandirse y al espíritu la energía para elevarse.
 
          Aunque sea difícil medir científicamente el impacto de la migración de puertorriqueños a las Islas Vírgenes, el caso de los viequenses en Santa Cruz ofrece una oportunidad única de examinar las maneras específicas en que las migraciones entre nuestras islas han alterado, enriquecido y en otras maneras contribuyeron a las realidades culturales, económicas y políticas sobre la historia de los puertorriqueños en las Islas Vírgenes y así proveer la base para un mejor entendimiento del desarrollo de nuestra región.
 
Algunos comentarios de los estudiantes participantes
 
          “Yo participé en este proyecto porque lo vi como una buena oportunidad de aprender más sobre la historia de mis ancestros de las Islas Vírgenes y, posiblemente, de mis ancestros de Vieques. Este proyecto me ayudó a entender la migración de viequenses a Santa Cruz, los problemas causados por la presencia militar, y muchos otros factores importantes que influyeron en la vida de los viequenses y cruzanos.”
 
          “Fue una oportunidad para una persona de habla inglesa a mejorar un segundo idioma. Aprendí a respetar más a los ancianos; los que vinieron antes de mí y que han hecho del mundo un mejor lugar. Mientras aprendía de los problemas y de lo positivo de esta historia, pensaba sobre esta gente que han cambiado el mundo. Uno nunca debe olvidar el pasado ni faltarles el respeto a los que lucharon por hacernos lo que somos hoy.”
 
          “Participé en Santa Cruz en este proyecto porque me interesa mucho la historia de Vieques y el contacto que tiene con Santa Cruz. He aprendido más de la cultura viequense y he conocido de muchos personajes interesantes de las épocas pasadas”
“Participé en el proyecto porque soy de una familia viequense y por muchos años he tenido la tristeza de no conocer nada sobre mi pueblo, su cultura, sus orígenes. En la escuela nunca me enseñaron sobre mi herencia puertorriqueña. Este proyecto fue una oportunidad de conocer un poco más de esa herencia que por tantos años ignoraba. A través del proyecto aprendí muchas cosas, entre lo más importante, las razones por las cuales tanta gente de Vieques viven ahora en Santa Cruz. Esta gran migración de mi gente, sobre lo cual no sabía absolutamente nada, me han ayudado a entender por qué soy cruzana. Si no fuera por las expropiaciones militares que obligaron a mi gente a dejar sus tierras y emigrar a Santa Cruz, tal vez yo hubiera nacido en Vieques y no hubiera perdido el significado de mi herencia viequense. Este fue el mejor proyecto en que he participado. Yo aprendí que Vieques y Santa Cruz tienen muchas cosas en común.”
         
          “El proyecto me dio la oportunidad de aprender más sobre mis vecinos de Vieques. También me permitió ver mi mundo desde otra perspectiva. Aprendí de la lucha del pueblo de Vieques y los nexos entre los pueblos de Vieques y el resto del Caribe.”
 
Bibliografía seleccionada para el estudio de las relaciones entre Vieques e Islas Vírgenes
 
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Es importante señalar dos trabajos recientes que aportan grandemente al estudio de la migración viequense a Santa Cruz. Kallaloo, del escritor cruzano Richard Schraeder, es una recopilación de narraciones de experiencias vivenciales de personas de edad, incluyendo varios viequenses residentes en Santa Cruz. Erik Lawaetz, en su obra, St. Croix: 500 Years, dedica un capítulo completo (49 páginas) a los hispanos (léase viequenses) en Santa Cruz.
El archivo Histórico de Vieques posee una gran cantidad de otros materiales sobre este tema. Para más información puede escribir a: Archivo Histórico de Vieques, Museo Fuerte Conde de Mirasol, Vieques, Puerto Rico 00765, o puede comunicarse al (809) 741-1717.