The language of my naming

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A fellow poet/good friend has asked me to answer a question that, due to its simplicity, confounds me as I attempt a response: Why do you write in Spanish? Faced with it I have a few questions of my own: Why do I insist on using my native language when I have spent most of my life in the United States? Why do I cling to a language (Spanish) that condemns me to silence within an American way of life that pretends to identify itself solely in English? Why don’t I crossover like singers do? The answers now come to me very quickly. Even if I were to reach Methuselah’s age (quite improbable), I would continue writing in the language that gives greater meaning and purpose to the awareness and autonomy of my sense of being. It is the language that my maternal grandmother and great-grandmother taught me to love and appreciate. Although I came to New York when I was eleven years old, Spanish is the language that forged and gave meaning to my childhood. There’s no forgetting. In spite of having had original English poems published in a number of American literary journals, I prefer silence to the occasional applause. I don’t rule out English as a means of expressing my emotions and experiences. When I have felt the need to write English poems I have done so thinking about those distant readers that, not knowing who I am nor having any regard for me, can possibly begin to understand that a Caliban is at large. The potential differences between the two languages are more of degree than of intent. The language of my naming is always by my side. English, like a traveler that has lost his compass, at times appears by the side of the road.


El idioma que me nombra

Una amiga poeta me pide contestar una pregunta que, por ser tan sencilla y tan trivial, no deja de desconcertar a quien ahora intenta darle una respuesta: ¿Por qué escribe Ud. en español? A tal pregunta yo le añado las siguientes. ¿Por qué este empecinamiento con el idioma materno si llevo viviendo en los Estados Unidos casi toda mi vida? ¿Por qué sigo aferrado a un idioma que me condena al silencio (el español) dentro de un mundo norteamericano que pretende identificarse exclusivamente con el inglés? ¿Por qué no hago el crossover como los cantantes? Las respuestas se me ocurren ahora con facilidad.

Aunque llegara a la edad de Matusalén (cosa improbable) seguiría escribiendo en el idioma que le da más conciencia y autonomía a mi razón de ser. Es el idioma que me enseñaron a amar y a valorar mi abuela y bisabuela maternas. Si bien es cierto que llegué a Nueva York a los once años de edad, el español es el idioma que forjó y le dio sentido a mi infancia. No hay olvido. Y aunque hayan aparecido algunos poemas míos originalmente escritos en inglés en algunas revistas norteamericanas de relativo prestigio, prefiero el silencio a los aplausos de ocasión. No descarto en modo alguno el inglés como vehículo para expresar mis emociones y experiencias. Cuando he sentido la necesidad de escribir poemas en inglés lo he hecho pensando en esos lectores distantes, que no me conocen ni me estiman pero podrían llegar a entender que un Calibán anda suelto. Entre ambos idiomas las potenciales diferencias son más de grado que de intención. El idioma que me nombra va siempre a mi lado. El inglés, como un viajero que ha perdido su brújula, a veces aparece en el camino.

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♦ Labia


© Pedro López Adorno. Published by permission in Centro Voices on 14 January 2015.

Centro Voices (ISSN: 2379-3864).
The views expressed here are those of the author and not necessarily those of Centro Voices, the Center for Puerto Rican Studies or Hunter College, CUNY.